Ópalo Blanco, el balance Karmico de vidas pasadas.


El ópalo me llevó de viaje a otra vida


Cuando le abrí registros akashicos al ópalo blanco, lo primero que vi fue su propia iridiscencia en el aire. Luego me fui hundiendo en un mar profundo, donde había corales, estrellas y caballitos de mar que me iban acompañando en todo el recorrido.

Al tocar el fondo, me convertí en un pez naranja y empecé a fluir en la felicidad del mar, junto a mi amigo el caballito de mar nos fuimos a explorar (muy buscando a nemo)

De repente algo me llamó la atención y fue un cristal brillante, simil diamante en la superficie del mar, que giraba todo el tiempo, una mano humana que quería agarrarlo y un péndulo arriba de él que marcaba “NO” - Que decía “No lo hagas, no lo tomes”

En ese momento dejé mi forma de pez y me convertí en hombre. De repente era un príncipe o rey medieval adornado con mi armadura y mi corona dorada adornada de ópalos . Pero estaba herido, tirado en una cama frustrado y quejándome sobre mis vendajes y mi imposibilidad de hacer.

Y sentí una sensación que siento hasta el día de hoy cuando la pereza me gana y mi accionar se debilita, y entendí de dónde venía. Había viajado a una vida pasada.

Me levanté en forma de rey y volví a explorar, esta vez en mi forma de hombre y encaré el pasillo al que daba mi “recamara” hasta llegar a un subte moderno. Me encontré en una estación de doble carril como si fuera “Plaza Italia” y a toda velocidad pasaban 2 subtes con dirección contraria. Sabía que tenía que tomar uno.


¿Cómo iba a subirme a un subte que iba a toda velocidad? Empecé a correr con todas mis fuerzas para “no perder el tren”. Con un gran esfuerzo logré entrar en uno y para mi sorpresa, se encontraba vacío. Hasta que entró una calavera vestida de mujer, como si las calaveras se disfrazaran de nosotrxs para Halloween.


Al sacarselo quedó solo esqueleto, adornado con mi misma corona para luego convertirse en cristal y romperse en mil pedazos. Viendo esa situación, me asusté tanto que me caí de ese subte para aterrizar sobre el otro, el contrario.


En ese subte, había una nena que tenía una muñeca y las dos tenían la misma corona con ópalos que tenía yo. Al verlas se convirtieron en calaveras y se rompieron en tantos pedazos que se hicieron polvo. Pero esta vez el polvo se fue hacia mi corona dando como resultado los ópalos que la adornaban.


En ese momento el subte frena, abre sus puertas y me bajó en una estación. Subo por su escalera y me encuentro en una gran pradera.


Cuando llegó a la superficie, los ópalos de mi corona proyectaron distintas vidas, la de la mujer, la de la nena, la del rey herido y muchas más. Todas ellas vidas tocadas por el poder de la corona.


Al desconectarme de esa visión, se me presentó una cruz que marcaba los 4 puntos cardinales, el este, el sur, el norte y el oeste. Cómo si fuera un punto entre 4 caminos, que ahora tenía abierto para elegir cuál transitar.


¿Cómo interpreto lo que me mostró el ópalo?

Creo que me mostró la carga kármica de mi última vida. Esa carga kármica que vine a balancear en esta, dando aquello que tomé en la anterior.

El cristal en el mar me decía que no tomará recursos que no eran míos, que no cayera en la ambición desmedida, pero lo hice y lastimé vidas inocentes. Eso sentí que me mostró el ópalo blanco.

Sobre todo siendo un cristal que llega a nuestras manos con tanto dolor, extraído con explotación humana.

Este cristal fue un regalo, y creo que llegó a mi para comunicar este mensaje.

El balance energético que sumemos en esta vida, lo pagaremos en la próxima. Si accionamos con maldad o con egoísmo el karma nos seguirá hasta que lo balanceemos a través de nuestras buenas acciones. Nuestras acciones tiene más consecuencias de lo que creemos, es momento de despertar.


¿Conocías esta piedra? Te animas a que te muestre el balance kármico que traes de vidas anteriores?


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